Capital paciente: una forma distinta de pensar en la innovación
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Martes, 25 de septiembre de 2018

Capital paciente: una forma distinta de pensar en la innovación

  Algunos proyectos necesitan la fe de los inversores durante mucho tiempo

Publicado en: Ciudad de México, el por

Más que nunca, la inversión en proyectos innovadores se ha convertido en un modelo de negocio particularmente lucrativo. Capitales de riesgo, semilla, ángeles, fondeo colectivo; todos estos sistemas le apuestan a un desarrollo joven de gran potencial con la esperanza de verlo explotar y ser parte de los empresarios quienes recolecten las ganancias. Aunque muchas veces dicho enfoque olvida un factor; indispensable para dos colaboradores del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés): la paciencia.

De acuerdo con Mark Dogson (director del Centro de Gestión de Tecnología e Innovación de la Escuela de Negocio de la Universidad de Queensland) y David Gann (vicepresidente del Imperial College) en una publicación en la página oficial del WEF, varios proyectos revolucionarios (Inteligencia Artificial—IA—, GPS, secuenciación del ADN) se desarrollaron por décadas antes de volverse viables. Durante ese tiempo, dependieron del capital paciente, una inyección continua y considerable de dinero sin retorno aparente.

Para ambos expertos, dichas inversiones en innovación han caído en desuso frente a modelos más recientes y enfocados a "rápidas" ganancias en plazos menores a un lustro. Incluso, cuando los capitales de riesgo están dispuestos a apostar por desarrollos con tiempos de gestación cercanos a 10 años; generalmente exigen pruebas conceptuales o tracción de mercado antes de liberar dinero. Ello ha probado ser muy efectivo al apoyar a startups de tecnología, pero, no son apropiadas en proyectos con industrias aún por construir.

El capital paciente busca, en el largo plazo, conseguir un impacto social de gran escala al tiempo que se generan retornos financieros considerables

También resultan inapropiadas las inversiones tradicionales para desarrollos que requieren entornos de prueba altamente especializados, como el descubrimiento de aplicaciones viables del graphene. Dichos proyectos consumen dinero y, mientras no se llegue al objetivo, no generan ningún rendimiento. Algo similar pasa en innovaciones farmacéuticas, donde se requieren extensos periodos (entre 7 y 15 años, según Dogson y Dunn) con el propósito de finalizar procesos legales. En los dos casos, la solución es el capital paciente.

Lo anterior no significa un espacio nulo para los sistemas de inversión de "moda", actualmente, dentro del ecosistema de innovación. De hecho, los dos se complementan porque sirven a objetivos distintos. Mientras los modelos de inyección de dinero semilla, de riesgo y ángel dan fuertes empujes a compañías; quienes solo necesitan un apoyo al expandir sus posibilidades y volverse sustentables, el capital paciente es más parecido a un maratón: un desembolse de recursos persistente, no tan significativo en el corto plazo, y llega a ser persistente durante años.

Ambos colaboradores del WEF advierten cómo ignorar la necesidad del capital paciente, podría significar repetir el error de la IA: desde la década de 1980 y hasta los 2000, se mantuvo como una innovación teórica. Ahora, es un prospecto de tecnología atrayente de miles de millones de dólares cada año, ya que es considerada un proyecto con implicaciones revolucionadoras. De haber existido un inversor quien hubiera confiado ciegamente en el potencial futuro de dicho desarrollo desde un principio, posiblemente el presente sería muy distinto al de ahora.

 

 

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