¿Podrán la diversidad sexual y la religión combinarse?

Ciudad de México  

Lukas Meier en Unsplash

Solamente el 15 por ciento de las escuelas particulares da clases de religión en México

 

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) de 2020 en México existen 90 millones 224 mil 559 personas católicas. Asimismo, más del 90 por ciento de las personas han declarado ser seguidores de algún culto, y han indicado que la religión tiene gran importancia a nivel personal, según datos de Inegi. Por otra parte, es un hecho que en 2021 la diversidad sexual cada vez está más presente en cualquier tipo de entorno, ya sea laboral, familiar o cultural. Pero la pregunta es: ¿La religión y la diversidad sexual podrán coexistir en un mismo entorno?

Conforme con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), la diversidad sexual es un término el cual se ha ido popularizando como una manera de referirse a la comunidad LGBTQ+. Cabe destacar, este concepto hace referencia a todas las posibilidades que tienen las personas de asumir, expresar y vivir la sexualidad, de forma libre. Entonces, según la CNDH, la diversidad sexual, es reconocer que cada humano tiene derecho a vivir su sexualidad como quiera sin dañar a terceros.

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Tocando el tema educativo, en México solamente el 15 por ciento de las escuelas particulares imparte clases de religión, acorde con la Secretaría de Educación Pública de México (SEP). Estos datos, son resultado de la regulación de la educación en México por lo cual la ley indica esta será laica, gratuita y obligatoria para todos los habitantes en territorio nacional. En la misma línea, en México no existe una norma que prohíba que una persona LGBTQ+ pueda impartir clases de religión en específico, no obstante, no se ha dado el caso.

Un ejemplo, al cual NotiPress tuvo acceso, es el de Chile en donde la ley indica la educación de culto está permitida en los centros educativos públicos y privados sin distinción. Y las clases de religión deberán ser impartidas de acuerdo con las creencias personales de los estudiantes, así como la autorización de los tutores. Para que la educación religiosa sea posible en Chile, existen instancias y autoridades religiosas encargadas de elegir en su totalidad a los profesores que impartirán las asignaturas en los colegios. Debido a ello, en Chile existió un conflicto porque a una maestra se le prohibió dar clases de religión.

Fue en el año 2007, cuando a la profesora Sandra Pavez se le retiró de sus actividades como maestra por la decisión de las autoridades religiosas. Tras una carrera de 22 años formando estudiantes en la materia religiosa, a Pavez le negaron el derecho de continuar realizando su profesión, solamente por su orientación sexual. Esto se vio desencadenado cuando las autoridades religiosas del colegio en el cual laboraba averiguaron las preferencias personales de la educadora. De tal manera que anularon su certificado de idoneidad, documento necesario para ejercer en Chile, esto debido a conductas inmorales que no se adecuaban con las creencias de la comunidad.

En ese mismo año, Pavez intentó acceder a un amparo con las autoridades judiciales, pero este le fue negado y aunque la profesora no perdió su plaza en el colegio, no se le permitió dar clases. Debido a la negación de las autoridades, su lucha por denunciar el hecho discriminatorio duró más de 14 años. Y hasta 2019, Sandra Pavez llevó su situación a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), siendo conocida como el caso "Pavez vs Chile", uno de los más controversiales en la lucha contra la homofobia.

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Dos años después, en 2021 la CIDH declaró, Pavez había sido víctima de discriminación en la que el actuar del Estado chileno había permitido sus derechos fueran violentados, además de su despido injustificado. Asimismo, mediante el veredicto se juzgó la necesidad de la regulación de las autoridades religiosas en Chile, para evitar otra situación de vulnerabilidad y discriminación a las comunidades menos protegidas. Por último, el caso de la maestra Sandra Pavez ha abierto el diálogo en Latinoamérica acerca de la discriminación por diversidad sexual y el respeto a la privacidad de las personas.

Finalmente, ya que existe la libertad de tener las preferencias sexuales que cualquier persona desee, no debería ser un tema si una persona LGBTQ+ da clases, incluso aunque sean de religión. Porque esto no deja de ser discriminación, como lo podría ser por su raza, ideología, religión u orientación sexual. Queda claro, la religión y la diversidad sexual no comparten muchas ideas en común, sin embargo, sería importante exista un diálogo entre ambas partes para una mayor apertura.

 

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