"Ciencia verdadera" y lucha antitecnociencias: Álvarez-Buylla Roces
My Press

Martes, 19 de febrero de 2019

"Ciencia verdadera" y lucha antitecnociencias: Álvarez-Buylla Roces

  Satanizar tecnociencias no es la respuesta; antes bien, debemos contribuir a garantizar se satisfagan sus diversos valores implícitos

Publicado en: Guadalajara, Jalisco, el por

¿A qué se refiere María Elena Álvarez-Buylla Roces cuando habla de "ciencia verdadera"? ¿Hemos de suponer que las benéficas "ciencias verdaderas" son la antítesis de las "maléficas" tecnociencias? A la actual directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), cabe recordar, le preocupa en particular la "bomba atómica con vida propia" que suponen los alimentos transgénicos; y, dicho sea de paso, la postdoctorada en genética molecular del desarrollo opina la discusión en torno al maíz transgénico "ya [está] superada". Pero centrémonos aquí en su lucha antitecnociencias —pues la cuestión de los transgénicos, en absoluto superada, da por sí sola para otro artículo—.

Más de una vez ha expresado la nieta de Wenceslao Roces Suárez (exiliado español en México responsable, entre muchas otras cosas, de la traducción de obras de la talla de El Capital de Karl Marx) la desconfianza que en ella despiertan las tecnociencias, las cuales parece reducir a un mero cúmulo de artimañas neoliberales cuyo único propósito es perpetuar el statu quo económico y empresarial de la minoría en el poder, a expensas del bienestar de la población en general (y, muy en especial, a costa de "los de abajo", por ponerlo aquí en palabras del Mariano Azuela). Sí, palabras más, palabras menos, esto es lo que ha dicho reiteradamente la investigadora adscrita a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Pero, de manera objetiva, ¿qué son realmente las tecnociencias? El filósofo y matemático español Javier Echeverría Ezponda las define en términos de una modalidad de ciencia que, a diferencia de ésta, no se limita a conocer cómo es el mundo, sino que además genera conocimientos cuyo objetivo es transformarlo. Según señala este experto, la economía del conocimiento comenzó a formarse cuando las inversiones privadas en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) superaron a las inversiones públicas de los sistemas nacionales de innovación en países como Estados Unidos, Canadá y Japón.

Asimismo, Echeverría Ezponda plantea la existencia de un pluralismo axiológico al cual están sujetas las tecnociencias y, por ende, propone el término tecnoaxiología para hacer referencia a los diversos sistemas de valores tecnocientíficos: epistémicos, tecnológicos, económicos, ecológicos, sociales, culturales, jurídicos, políticos, religiosos, éticos, estéticos, a veces incluso militares. La práctica científica ha cambiado, explica el autor de La revolución tecnocientífica (Fondo de Cultura Económica, 2003), y como parte de esa evolución de igual forma han cambiado los valores que la guían, ya no se ciñe solamente a valores epistémicos.

De ahí que una lucha antitecnociencias y en pro de la "ciencia verdadera" resulte una guerra romántica —muy romántica— y netamente absurda. En lugar de asumir una postura apocalíptica en donde todo lo pasado fue un error producto del diabólico neoliberalismo —muy a lo Movimiento Regeneración Nacional—, el Conacyt debería a toda costa evitar caer una vez más en politiquerías sexenales y, en cambio, trabajar en un plan a largo plazo diseñado para contribuir a garantizar la satisfacción de los diversos valores implícitos en el desarrollo y la implementación de las tecnociencias en México; dejar de lado la consultitis populista (los observatorios ciudadanos propuestos por Álvarez-Buylla Roces), también sería una buena idea.

Recordemos que en 2009, a través de los resultados de una encuesta, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía evidenció una escalofriante realidad: el 83.6% de los mexicanos esperaban con mayor firmeza y seguridad en la fe y no en la ciencia; por si esto fuera poco, 57% concebía la figura del científico como un ente peligroso y un porcentaje igual acusaba al desarrollo tecnológico como el "culpable" de una vida artificial y deshumanizada. En 2015, la Encuesta Nacional de Ciencia y Tecnología de la UNAM completó el desolador diagnóstico: los mexicanos confían más en los horóscopos que en la ciencia.

¿Y cómo va esta población a evaluar la ciencia si ni siquiera cree en ella y mucho menos la conoce? Al científico y al tecnólogo, la ciencia y la tecnología; y también la divulgación de su trabajo. Una de las prioridades debería ser la divulgación científico-tecnológica, darle a conocer al pueblo mexicano la diversidad y la valía de las ciencias y tecnologías hechas en México. Esperemos la promulgada ciencia "al servicio del pueblo y en favor del ambiente" no termine por convertirse en un vergonzoso primor —retomando aquí la ocurrencia de Yeidckol Polevnsky—, otro timo para ciencia, tecnología e innovación (CTI) mexicanas; y si lo hace, bueno... al menos tendremos un consuelo: los sexenios duran, precisamente, solo seis años.

Cierto: ni todo lo hecho durante el sexenio de Enrique Peña Nieto en materia de CTI fue malo, ni todo lo propuesto para estos rubros por el gabinete de la llamada Cuarta Transformación inspira desconfianza. Al margen de la lucha antitecnociencias y en pro de la "ciencia verdadera" de Álvarez-Buylla Roces, es de reconocerse la intención de revisar y mejorar los criterios aplicados por el Sistema Nacional de Investigadores y el Programa de Estímulos a la Innovación, ambos sobremanera útiles pero igualmente corrompidos; respecto a la desaparición del Instituto Nacional del Emprendedor, siendo cándidamente optimistas, bien podría dar inicio a un esquema donde la iniciativa privada, apoyada por los Gobiernos, se convierta en la principal inversionista en CTI.

 

 

NOTICIAS DE LA SECCIÓN

Los satélites de Elon Musk para brindar Internet gratis

Desarrollan chip para auxiliar conducción de vehículos autónomos en entornos adversos

¿Cómo podría blockchain mejorar los sistemas educativos?

Descubren en Google Play malware tipo clipper para robar criptomonedas

Tecnología Ciencia México

¿Te gustó el contenido?