James Cook, el escorbuto y la fascinante historia de la vitamina C
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Martes, 18 de septiembre de 2018

James Cook, el escorbuto y la fascinante historia de la vitamina C

  10 miligramos de vitamina C al día puede prevenir el escorbuto

Publicado en: Ciudad de México, el por

Como sérum, pastilla o a granel, el negocio de la vitamina C o ácido ascórbico va prosperando. La publicidad promete una dosis extra de salud, sin embargo los expertos son algo escépticos al respecto. Su historia como producto milagroso es fascinante y empezó con el explorador y marinero británico James Cook (1728-1779) y la enfermedad del escorbuto.

La vitamina C es un producto natural que contienen los limones y las naranjas, los kiwis, pimiento o brócoli. Como compuesto químico el ácido ascórbico y sus variaciones tienen un efecto similar al biológico. Los ácidos forman parte de numerosos procesos de metabolismo y protegen, por ejemplo, las células del cuerpo capturando radicales de oxígeno.

Cook, uno de los grandes en la historia de la navegación, partió con el "Endeavour" en su primera vuelta al mundo el 26 de agosto de 1768, una misión exitosa de la que regresó en 1771. El viaje tenía como objetivo descubrir una prevención o protección ante el escorbuto, una enfermedad sufrida por los marineros tras pasar meses en el mar y que tenía como síntomas atrofia muscular, sangrado de encías, inflamación de las articulaciones y debilidad del tejido conjuntivo.

Muchas personas morían por la debilidad de los músculos del corazón. Entonces no sabían que la vitamina C era esencial para vivir.

El escorbuto era en la época de Cook un tema de especial relevancia, además de ser hasta fines del siglo XVIII una de las causas de muerte más frecuentes en el mar.

James Lind, médico escocés, encontró una cura efectiva con zumo de limón en 1747 durante una serie de pruebas, pero al parecer no los difundió con determinación. Estuvo tratando el escorbuto entre 1753 y 1772 y aunque recopiló consejos tras un debate de más de un siglo sobre la enfermedad, finalmente no planteó ninguna posible solución.

Cook y el médico en su barco William Perry consideraron entones que el extracto de malta era lo mejor para combatir el escorbuto. Tan sólo a fines del siglo XVIII los médicos marinos Robert Robertson y Gilbert consiguieron averiguar lo que realmente era bueno: el zumo de limón. A partir de 1795 fue obligatorio llevar a bordo las plantas de cítricos.

Pasaron más de 100 años para que, en el marco de la evolución de la investigación sobre las vitaminas se denominase al componente decisivo. El húngaro Albert Szent-Györgyi y su colega británico Norman Hawaorth fueron los primeros en descubrir cómo ácido ascórbico prevenía el escorbuto. También, ese mismo año, el químico suizo Tadeus Reichstein descubrió el proceso de síntesis de la glucosa.

En la actualidad no hay ningún alimento procesado que no cuente con el componente E 300 tras el cual se esconde el ácido ascórbico. Este antioxidante contribuye a la duración del producto y a no perder color. También hay alimentos que son enriquecidos con ello y actualmente el día a día es casi inimaginable sin vitamina C sintética.

Además, los compuestos de vitaminas son un éxito de ventas. Aun cuando muchos expertos lo consideren inútil y aboguen por una alimentación con poca carne, mucha fruta y verdura. Los médicos recomienda que una dosis diaria de vitamina C debería ser de al menos 110 miligramos en los hombres y de 95 miligramos en las mujeres. Y para ello es suficiente medio pimiento o una mandarina.

Desde que Cook empezara hace 250 años a buscar un método contra el escorbuto han pasado muchas cosas. Tan sólo 10 miligramos de vitamina C al día pueden prevenir el escorbuto. Pero pese a todo, los científicos no han descifrado todavía cómo funciona la exactamente la sustancia en el cuerpo, así que prosigue la aventura de la investigación.

 

 

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