Por qué una película de terror activa alarmas reales en el cerebro

Ciudad de México,  |     

Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Amígdala e hipocampo intervienen mientras el cuerpo se prepara para reaccionar

 

Una figura aparece en la oscuridad. Antes de saber qué ocurre, el corazón se acelera, cambia la respiración y aumenta la alerta. El espectador sabe que está frente a una película de terror, pero esa certeza no impide que su cuerpo comience a reaccionar.

La aparente contradicción tiene una explicación: el cerebro puede movilizar mecanismos asociados con la supervivencia antes de completar la evaluación sobre qué tan realista es la amenaza. Por eso, una escena ficticia puede provocar sudoración, dilatación de las pupilas y otros cambios difíciles de controlar de manera consciente.

Especialistas del Hospital Houston Methodist explican que el miedo es una emoción primitiva relacionada con la protección del organismo ante situaciones percibidas como amenazantes. Su procesamiento no depende de una sola región cerebral, sino de una cadena compleja de acontecimientos.

La amígdala, vinculada con las emociones, participa en la activación de las señales de alerta y en la percepción del miedo. El hipocampo, por su parte, contribuye a interpretar la situación y a contextualizar aquello que causa temor.

Esta combinación ayuda a entender por qué un sobresalto puede ser intenso al principio y disminuir cuando aparece información adicional. Una escena inesperada puede elevar la reacción emocional, mientras que reconocer elementos poco creíbles puede reducirla. Sin embargo, para entonces el cerebro pudo haber involucrado otros sistemas corporales.

Durante una película de terror, el cerebro puede liberar sustancias neuroquímicas y hormonas relacionadas con la respuesta de lucha o huida. Entre los cambios fisiológicos están el aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la respiración, además de la sudoración.

El incremento del ritmo cardíaco favorece la llegada de sangre a los músculos, mientras una respiración más rápida contribuye al suministro de oxígeno. Al mismo tiempo, el sistema digestivo puede ralentizarse para que el organismo destine más energía a enfrentar la situación percibida o escapar de ella.

Este mecanismo también interviene en peligros cotidianos que exigen una reacción rápida, como encontrarse con un animal peligroso o realizar una maniobra repentina para evitar un obstáculo en la carretera. En una sala o frente a una pantalla, la diferencia es que la amenaza no requiere una acción real.

Las variaciones individuales en la percepción y la respuesta al miedo también ayudan a explicar por qué algunas personas disfrutan estas películas y otras prefieren cubrirse los ojos. La experiencia cambia, pero el punto de partida es similar: el cuerpo puede prepararse para sobrevivir antes de que el cerebro termine de confirmar que nada está ocurriendo fuera de la ficción.

 

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