Cannabis: regular desde la ciencia y en pro de la economía

Ciudad de México  

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Sustancia mucho menos nociva que tabaco o alcohol, que además podría beneficiar economía nacional

 

Según reconoce la Suprema Corte de Justicia de la Nación, toda persona mayor de edad es libre de desarrollar su personalidad, y se trata éste de un derecho fundamental que puede ejercerse a través de las actividades lúdicas deseadas por individuos mayores de 18 años; se incluye entre dichas actividades el consumo recreativo de la marihuana. En México, se han encomendado a la Secretaría de Salud el diseño y la ejecución de políticas públicas de regulación para el uso medicinalde los derivados farmacológicos del cannabis sativa, índica y americana. Ahora bien, mientras la gran mayoría de la población desaprueba la legalización del empleo recreativo y mira con recelo el uso medicinal, en tanto los políticos se decantan por la postura más conveniente para su partido, ¿no debería el debate más bien girar en torno a lo imprescindible que es regulardesde la cienciay en pro de la economía?

Comencemos con evidencias científicas de los daños ocasionados por el consumo de cannabis. En diversos estudios se declaran consecuencia del consumo prolongado de esta droga: daño cognitivo, psicopatologías (entre ellas, la psicosis), afectaciones a la salud cardiovascular e incluso se han registrado casos en donde actúa cual cancerígeno; en gestantes, existen riesgos de bajo peso del recién nacido o partos prematuros, también se habla de efectos cognitivos en la adolescencia, alteraciones del comportamiento o cociente intelectual. Si de accidentes de tráfico se trata, la base de los argumentos expuestos por la comunidad científica es neurocognitiva, por lentitud en: tiempo de reacción, capacidad de procesamiento de información, coordinación ojo-mano, desempeño de habilidades motoras, entre otras alteraciones.

Bueno, pero ¿y qué dice la comunidad científica acerca de los beneficios? De acuerdo con la revisión de más de 10 mil estudios científicos llevada a cabo en 2017 por las Academias Estadounidenses de Ciencias, Ingeniería y Medicina, la evidencia de los fines medicinal solo es concluyente en cuanto a: dolor crónico, algunos síntomas de esclerosis múltiple y como antiemético postquimioterapia para adultos. ¿Solo esos beneficios han sido comprobados? Sí. Lo cierto es que no existe suficiente evidencia científica confiable en torno a beneficios para pacientes con virus de inmunodeficiencia adquirida, fibromialgia, alteraciones de comportamiento del tipo de la demencia o dolor por artritis reumatoide; en cuestiones del dolor asociado a cánceres, el equilibrio entre riesgo y beneficio se inclina más hacia los contras (aunque pareciera ser lo suficientemente efectivo).

Desde el ángulo social, la legalización de la marihuana para su uso a manera de droga medicinal o recreativa se sustenta en que cada vez más personas perciben la "guerra contra las drogas" como una iniciativa cuyos beneficios se ven rebasados por los costos, tanto si se considera la cantidad de recursos destinados a ese combate como si se contabiliza el número de muertes inherente a esa lucha del Estado contra el narcotráfico. Por otro lado, hay quienes defienden que los millones y millones destinados a esa guerra deberían invertirse en, por ejemplo, educación, prevención, rehabilitación e investigación en torno al cannabis; ésta sería una mejor manera para abordar el consumo del cannabis, en términos de un asunto de salubridad pública. Y, cabe destacar, perseguir y penalizar el consumo no ha disminuido ni producción ni distribución ni venta; la marihuana continúa siendo la droga ilegal de mayor demanda en el mundo.

Visto desde la perspectiva económica, si el Estado asume la regulación de la demanda, a la vez que maneja la producción y el precio, las ganancias de un mercado monopolizado por el crimen organizado podrían invertirse en sectores estratégicos para el desarrollo del país. Economistas señalan que se moverían variables macroeconómicas como inversión, empleo, ahorro y consumo, las cuales a su vez producirían crecimiento y balanza de pagos. La narcoeconomía supone repercusiones posiblemente negativas en el crecimiento de economías subterráneas (esto podría resultar parcialmente negativo para el Gobierno en recaudación de impuestos); sus efectos económicos son positivos: se invertiría y estimularía la economía, traducible en recaudos por ventas y uso, de renta y ganancias de capital. En suma, los efectos macroeconómicos serían positivos al estimulan el producto nacional bruto.

A pesar de las múltiples barreras a las que se enfrenta la investigación sobre el uso de la marihuana (estudios sesgados, empleo de plantas posiblemente contaminadas por falta de fuentes legales y controladas, por mencionar algunas), la comunidad científica coincide en algo: la marihuana es una sustancia mucho menos nociva en comparación con el tabaco y el alcohol. Poco a poco aumenta el número de países que se suman a la legalización del cannabis, no obstante la falta de regulación internacional y la carencia de consenso científico sancionado. La regulación de la marihuana en México no debe sujetarse a fervores populistas o argumentos con tufo religioso, pues no es éste un asunto netamente político sino desalud públicay debe resolverse desde perspectivas racionales, tomando en cuenta bases científicasy económicaspara bien de la sociedad. En suma, regular desde la ciencia y en pro de la economía.

 

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