El lado oscuro del consumo en el Buen Fin
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Domingo, 17 de diciembre de 2017

El lado oscuro del consumo en el Buen Fin

  Como llave en la innovación y la sostenibilidad

Publicado en: Ciudad de México, el por

Tras la séptima edición del fin de semana "más barato del año", donde el Gobierno Federal y el sector privado unieron esfuerzos para ayudar a la economía familiar e incentivar la actividad del mercado, a través de descuentos y promociones, es probable que los pronósticos de diferentes instancias como la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), los cuales preveían una proyección en las ventas de hasta el 10% se cumplan. No obstante, en cuestiones de sostenibilidad y consumo responsable, el escenario es un tanto opuesto.

Como nunca en la historia de la humanidad, el consumo desmedido se ha convertido en una manera de vivir. Hoy en día, estamos expuestos a la información en un menor tiempo y motivados por diversos medios a hacer uso de la tecnología de última generación, la ropa y el calzado acordes a las tendencias de la moda, sin tomar en consideración la exigencia para el planeta. Como parte de estas tendencias las cifras son alarmantes; según datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), alrededor del 25% de los productos que extraemos, producimos y distribuimos, se convierten en basura en menos de seis meses, es decir, no se reciclan, limitando su valorización.

En la actualidad usamos demasiadas cosas. En los años 50 nuestros padres y abuelos utilizaban menos del 50% de productos, comparados con los que tenemos nosotros al alcance hoy en día. Como resultado, en las últimas tres décadas hemos consumido la tercera parte de los recursos naturales con los cuales contamos.

¿Pero de quién es la responsabilidad? ¿cómo equilibrar el consumo por habitante sin afectar la economía de las grandes empresas y a su vez no exigir de más al medio que nos rodea?

La tarea se torna aún más compleja cuando los intereses se contrapuntean, por un lado, las grandes marcas apuestan por brindar al público de instrumentos que cumplan con sus necesidades, que exista una relación entre calidad y el mejor precio. Cuando alguno de estos dos factores no está presente, la marca se ve en la disyuntiva de perder audiencia y compradores, o bien, ofrecer nuevas versiones que cumplan con una "necesidad" del público quien la requiere.

Dentro de estas nuevas versiones, se genera lo que se conoce como "obsolescencia programada", es decir, se fabrican aparatos, equipos o prendas con una fecha de caducidad breve, con lo cual la nueva versión sale a la venta y dicta el cambio inminente de lo consumido. De tal manera que el celular, la computadora, los equipos electrónicos en general "pasan de moda" (obsolescencia adquirida) y deben ser sustituidos por unos "más nuevos".

Nos conviene y nos hace "ver bien" vivir con el coche último modelo, la cámara con mayor y mejor resolución, la ropa de marca que cambia de logo por uno más chico que el anterior. En fin, una serie de artilugios con los que si no contamos, no estamos en el ritmo de vida actual. Es en este punto, donde no son considerados en muchos de los casos, los efectos sobre el medio ambiente. Porqué no pensar que nos hace vivir bien estar rodeados de bosques sanos, cuerpos de agua limpios, aire viable; en fin, una serie de condiciones aptas para la vida en armonía con la naturaleza.

En este mismo sentido, la disposición final de la mercancía pretende ocupar espacios antes destinados a la vida silvestre, su proliferación y desarrollo. Cada vez le quitamos más espacio a la naturaleza para que siga sus procesos de reproducción, o bien, para que nosotros mismos vivamos en ambientes saludables. Pensemos en espacios como vertederos a cielo abierto, cuerpos de agua contaminados, islas de plástico en los mares que cuentan cada vez más con equipos electrónicos obsoletos y dispuestos a los agentes atmosféricos, que contaminan lo que de nueva cuenta consumiremos como el agua, los suelos, el aire y toda clase de seres vivos para consumo humano.

En definitiva la responsabilidad es conjunta, debemos aprender de nuevo a consumir sólo lo verdaderamente necesario, de manera inteligente. Cuidar lo que gastamos, exigir artículos de calidad que valgan el costo que pagamos por ello, pero que no deban ser sustituidos en un corto periodo, sino cuando en definitiva ya no haya otra opción para ello. Pero lo más importante al consumir, es saber que nuestro planeta se deteriora de manera alarmante, por lo que hoy se invita desde lo sostenible a cuidar y conservar no sólo para las generaciones futuras, sino para nuestro propio beneficio. La economía de la biodiversidad es un tema de todas las esferas y de todos nosotros. Digamos sí al consumo justo y responsable.

 

 

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