Dormir suficientes horas y despertar agotado: la huella del estrés laboral

El burnout puede deteriorar el descanso, pero el cansancio aislado no basta para diagnosticarlo
Una noche completa de sueño puede terminar con la misma sensación de agotamiento con la que comenzó. Cuando esto ocurre de manera persistente, la pregunta ya no es solamente cuántas horas se durmieron, sino qué impidió que ese tiempo ofreciera una recuperación adecuada.
El estrés laboral sostenido es uno de los factores que pueden interferir con ese proceso. El cardiólogo Pelagio Felix explica que vivir bajo presión durante mucho tiempo dificulta la relajación y puede alterar la calidad del sueño. Así, una persona duerme, pero no necesariamente siente que descansó.
Esto no significa que despertar cansado permita diagnosticar burnout. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce este fenómeno en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como resultado del estrés crónico en el trabajo que no fue gestionado adecuadamente. No lo clasifica como una enfermedad y limita su aparición al ámbito laboral.
El burnout incluye agotamiento o falta de energía, distanciamiento mental del trabajo acompañado de negatividad o apatía y reducción de la eficacia profesional. La combinación de estas manifestaciones permite diferenciarlo de una mala noche o de una sensación aislada de fatiga.
La duración del sueño tampoco cuenta toda la historia. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), indica que la población mexicana de 12 años y más duerme un promedio de 52.5 horas semanales, alrededor de 7.5 horas diarias.
Aun así, datos de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señalan que al menos 45% de los adultos duerme mal y 30% presenta somnolencia diurna excesiva. Esta última condición se relaciona con un mayor riesgo de accidentes vehiculares.
La presión laboral prolongada también puede tener otras implicaciones. Estimaciones conjuntas de la OMS y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) asocian trabajar 55 horas o más por semana con un riesgo 35% mayor de accidente cerebrovascular y 17% mayor de muerte por cardiopatía isquémica, frente a jornadas de 35 a 40 horas.
Gestionar las fuentes de estrés, mantener horarios regulares, reducir estímulos antes de acostarse y preparar un entorno cómodo puede favorecer el descanso. Sin embargo, mejorar la rutina o el espacio para dormir no sustituye la atención médica o psicológica.
Cuando el cansancio persiste, afecta las actividades cotidianas o aparece junto con cambios emocionales, una evaluación profesional puede ayudar a identificar sus posibles causas. El agotamiento al despertar funciona como una señal de atención, no como un diagnóstico por sí mismo.
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