Algunos temas de importancia social ausentes en la ficción televisiva mexicana

Ciudad de México  

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La ficción en la televisión mexicana ha dejado de lado temas que son necesarios para el entendimiento de sectores sociales

 

Los temas que conforman la oferta de contenidos de ficción en los medios en línea y tradicionales de México siempre han sido seleccionados por las empresas y productoras, cuyo objetivo no siempre es la promoción de valores, ni la visibilidad de temáticas socialmente necesarias, sino la venta de espacios publicitarios y la consolidación del discurso oficial. De ahí que surja una ausencia de temas y perspectivas no contempladas para los productos de alcance masivo, en ocasiones incómodos pero siempre indispensables para la mejor convivencia y el respeto a los derechos humanos, entre otros beneficios sociales.

Uno de los primeros tópicos raramente abordados en series, telenovelas, programas unitarios y comedias mexicanas es la visibilidad y representación digna de las minorías. Hablando de personas con capacidades diferente, adultos mayores, comunidad LGBT+, grupos raciales o étnicos, rara vez son tratados de un modo realista o que comparta con la sociedad su vivencia como minoría. Con frecuencia son dibujados en términos estereotípicos, caricaturizados y carentes de fondo en su personaje. Que la sociedad mexicana pudiera vivir de cerca y a través la experiencia de entrar en contacto con esas minorías a través de una ficción bien estructurada y apelando a la inclusión, pudiera arrojar buenos resultados sobre la percepción social de la audiencia en general.

Por otro lado, temas políticos, históricos y referentes a la consciencia de clase han sido sistemáticamente retirados de la ficción mexicana, como si fueran irrelevantes o aburridos. Cualquier contenido que pudiera significar en la toma de consciencia de un sector o del total del público se podría tornar en un peligro para el mantenimiento del status quo. Raros ejemplos como "Nada Personal", producida en 1996 por Argos y TV Aztecan, enfrentaba el tema de la política y la corrupción en altísimos niveles del gobierno, convirtiéndolo en un parteaguas en los estándares de producción y argumentos en la Televisión mexicana.

Otro de los grandes huecos dentro de la temática de los medios mexicanos es la desmitificación del modo de vida y de las consecuencias de pertenecer al crimen organizado. La narcocultura, llevada a su máxima expresión en las narcoseries, rara vez significan una lección para la audiencia del peligro y lo indigna que suele ser la vida de narcotraficantes, narcomenudistas y sicarios. El tratamiento -tipificado como delito en la figura de apología del crimen- tiende a presentar el proceso del narcotráfico como un estilo de vida glamuroso, donde el dinero fácil procura cualquier capricho. Es una alerta que no puede ignorarse, menos cuando el producto estrella de las exportaciones de contenido mexicano son, en ocasiones, series, películas y telenovelas con un tratamiento que trivializa el fenómeno del narcotráfico.

Son muchos los temas de importancia social que no se encuentran o hallan un tratamiento problemático en la ficción mexicana en su oferta televisiva, mismos que pueden contribuir a cultivar la consciencia social, económica y de clase de los mexicanos. Por lo pronto, la transición de la audiencia entre lo tradicional y lo digital no ha producido ningún cambio significativo en cuanto al fondo, aún cuando los formatos pudieran hacer parecer que han evolucionado.

 

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