Desastres dejan pérdidas de hasta 850.000 millones de dólares al año

Energía, transporte y telecomunicaciones amplían el costo más allá de la emergencia
Un terremoto puede durar apenas unos minutos, pero su factura permanece durante años. Los recientes sismos en Colombia y Venezuela son parte de un mapa más amplio en el que inundaciones, incendios, ciclones y olas de calor dañan al mismo tiempo servicios esenciales, infraestructura productiva y redes de transporte.
La Coalición para la Infraestructura Resiliente ante Desastres estima que las pérdidas anuales en infraestructura oscilan entre 700.000 y 850.000 millones de dólares. El cálculo reúne los daños provocados por amenazas naturales y fenómenos climáticos extremos en distintas regiones.
Según las estimaciones difundidas por la organización, la cifra equivale aproximadamente al 14% del crecimiento anual del Producto Bruto Interno mundial. No representa una sola catástrofe, sino la acumulación de episodios que interrumpen actividades y obligan a movilizar recursos para reparar daños y recuperar servicios.
Carreteras destruidas, puertos inoperables, aeropuertos dañados y redes eléctricas interrumpidas generan costos directos de reparación. A ellos se añaden las pérdidas ocasionadas por la suspensión de servicios, el deterioro de cosechas y los daños en industrias, telecomunicaciones y edificios.
El mecanismo explica por qué una emergencia puede multiplicar rápidamente su impacto económico. Gobiernos, empresas y comunidades deben atender necesidades sociales y sanitarias mientras intentan restablecer infraestructura y capacidad productiva. La factura, por tanto, no desaparece cuando termina el fenómeno que originó el desastre.
Sudamérica aparece en este escenario con los terremotos que afectaron a Colombia y Venezuela. En Asia, los deslaves recientes en Nepal dejaron más de mil muertes, mientras India registró olas de calor con temperaturas cercanas a los cincuenta grados.
Amit Prothi, director general de la coalición, advirtió que las olas de calor registradas durante el año en India muestran un escenario cada vez peor. Estos casos permiten dimensionar cómo distintos fenómenos acumulan consecuencias humanas, productivas y financieras dentro de una misma estimación anual.
Creada en 2019, la Coalición para la Infraestructura Resiliente ante Desastres reúne alrededor de setenta países y organismos multilaterales. Su trabajo promueve investigación, intercambio de conocimientos y mecanismos de recuperación orientados a reducir pérdidas antes y después de una catástrofe.
Chile, por ejemplo, trabaja con la coalición en el mapeo de su sistema energético para evaluar su respuesta ante futuros eventos destructivos. La planificación busca detectar puntos vulnerables y orientar inversiones hacia redes capaces de conservar servicios esenciales.
La prevención adquiere relevancia porque después de la emergencia comienzan la reconstrucción, la recuperación productiva y la reposición de infraestructura. Esos procesos pueden prolongar durante años las consecuencias financieras de un desastre.
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