Por cada dólar que protege la naturaleza, 30 respaldan actividades dañinas

La inversión debe crecer 2.5 veces hacia 2030 y el capital privado sigue rezagado
El problema financiero de la naturaleza no se limita a la falta de recursos. También está en la dirección que toma el dinero disponible. Por cada dólar invertido en protección, 30 respaldan actividades que la perjudican, de acuerdo con el State of Finance for Nature 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
El reporte, elaborado con datos de 2023, calcula US$7.34 billones en flujos financieros negativos para la naturaleza. El capital privado representa US$4.9 billones, concentrados principalmente en servicios públicos, industria, energía y materiales básicos. Otros US$2.4 billones corresponden a subsidios públicos considerados perjudiciales para el medio ambiente.
Frente a esas cantidades, las soluciones basadas en la naturaleza recibieron US$220 mil millones. La comparación muestra que el desafío no consiste únicamente en sumar financiamiento positivo, sino en revisar las inversiones y los subsidios que continúan apoyando actividades vinculadas con la degradación.
Cerca del 90% del financiamiento para soluciones basadas en la naturaleza procede de fuentes públicas. La inversión privada alcanzó US$23.4 mil millones, alrededor del 10% del total. Esta participación limitada deja a los gobiernos con la mayor parte del esfuerzo financiero requerido para conservación y regeneración.
Guillermo Hinojos, CEO de NAT5, sostuvo que enfrentar el déficit requiere movilizar recursos de los sectores público y privado y de la sociedad civil mediante soluciones financieras orientadas a la regeneración. La propuesta cobra relevancia ante una estructura en la que el capital privado tiene mucha mayor presencia en los flujos perjudiciales que en las soluciones naturales.
Cerrar la brecha exigiría aumentar 2.5 veces la inversión anual en soluciones basadas en la naturaleza, hasta US$571 mil millones en 2030. Ese nivel permitiría avanzar hacia los objetivos globales de biodiversidad, clima y restauración de tierras. El PNUMA plantea que redirigir una fracción de los flujos perjudiciales podría contribuir a cubrir la necesidad.
La presión financiera coincide con riesgos ambientales de largo plazo. El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial, basado en una encuesta a más de 1,300 especialistas, señala que estos riesgos perdieron prioridad relativa en el horizonte inmediato, pero siguen entre los más severos a diez años. Para 2036, la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas ocupan el segundo lugar, detrás de los eventos meteorológicos extremos.
El mecanismo planteado opera, por tanto, en dos direcciones: ampliar el dinero destinado a soluciones naturales y reducir o redirigir los recursos que financian el deterioro. Sin ese movimiento simultáneo, el crecimiento de la inversión positiva tendría que avanzar frente a flujos perjudiciales de una escala considerablemente mayor.
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