Glioblastoma, el cáncer más agresivo que el Houston Methodist intenta combatir

Ciudad de México  

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Nuevas terapias buscan frenar la resistencia y recurrencia del glioblastoma

 

El glioblastomamultiforme mantiene uno de los mayores desafíos de la neurooncología: crece con rapidez, invade el tejido cerebral y suele reaparecer después del tratamiento. Frente a esta capacidad de resistencia, investigadores estudian una serie de terapias combinadas que incluyen herramientas de inteligencia artificial y medicamentos dirigidos a mecanismos celulares específicos.

El glioblastoma es el tumor cerebral maligno primario más frecuente y agresivo entre adultos. A diferencia de las metástasis cerebrales, originadas por cánceres de otros órganos, este tumor comienza en células del propio cerebro y todavía no cuenta con una cura definitiva.

El neurocirujano Robert C. Rostomily, del Hospital Houston Methodist, trabaja con un equipo que estudia por qué el glioblastoma resiste los tratamientos. También analiza qué mecanismos podrían bloquearse para frenar su crecimiento y reducir su capacidad de regresar.

El glioblastoma presenta una alta tasa de recurrencia y un comportamiento agresivo. Parte de esta capacidad se relaciona con la transición epitelio-mesenquimal, conocida como EMT, un proceso que modifica el comportamiento de las células tumorales.

En términos sencillos, la EMT permite que estas células pierdan algunas de sus características "estables" y adquieran mayor movilidad. Así pueden invadir otras zonas del cerebro y resistir mejor los tratamientos.

Una parte de la investigación se enfoca en el ambiente que rodea al tumor, conocido como TIME, por sus siglas en inglés. Allí conviven células cancerosas, células de defensa y sustancias que les permiten comunicarse entre sí.

El problema es que el glioblastoma puede modificar ese entorno para debilitar al sistema inmunológico. Algunas células logran "esconderse" de las defensas del organismo o impedir que actúen con normalidad.

Actualmente, el tratamiento habitual combina cirugía, radioterapia y quimioterapia. La inmunoterapia también se investiga, aunque sus resultados han sido limitados porque el tumor puede bloquear la respuesta inmune.

Además, un mismo glioblastoma puede contener distintos tipos de células cancerosas. Esta variedad explica por qué un tratamiento puede funcionar contra una parte del tumor y tener poco efecto sobre otra.

El equipo de Rostomily utiliza una técnica de "silenciamiento génico". En términos sencillos, permite "apagar" temporalmente algunos genes para observar qué ocurre cuando dejan de funcionar.

Con estas pruebas, los investigadores identificaron compuestos que actúan sobre dos receptores llamados NR4A1 yNR4A2. Estas proteínas funcionan como "interruptores" celulares porque controlan genes relacionados con el crecimiento y la inflamación.

Los receptores también influyen sobre TWIST1, una proteína que ayuda a las células tumorales a moverse, invadir otras zonas y resistir los tratamientos. Aunque resulta difícil bloquearla directamente, podría controlarse mediante las señales que la activan.

Los estudios preclínicos mostraron mejores resultados cuando estas vías se bloquearon junto con quimioterapia y radioterapia. Por ello, los científicos analizan si varias terapias aplicadas al mismo tiempo pueden superar la capacidad de adaptación del tumor.

Otra línea de trabajo estudia las células madre cancerosas, un pequeño grupo de células que puede sobrevivir al tratamiento y participar en la reaparición del glioblastoma.

Los investigadores observan sus señales eléctricas y prueban medicamentos dirigidos a los canales iónicos, estructuras que regulan el paso de minerales dentro de las células. El objetivo es volverlas más sensibles a la terapia.

En este caso, la inteligencia artificial puede ayudar a comparar grandes cantidades de información clínica y molecular. Estos modelos permitirían identificar qué pacientes tienen mayores probabilidades de responder a determinados tratamientos.

Según comentó el Houston Methodist a NotiPress, el laboratorio reúne cerca de 100 muestras de pacientes cada año para estudiar biomarcadores, metástasis cerebrales y respuesta a la quimioterapia. Las siguientes investigaciones evaluarán qué combinaciones de radioterapia, quimioterapia, inmunoterapia y nuevos medicamentos ofrecen mejores resultados contra el glioblastoma.

 

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