El microbioma intestinal revela señales distintas según el tipo de cáncer

Ciudad de México,  |   

Mayo Clinic News Network

Un mapa de 341 especies acota la búsqueda, pero todavía no prueba causalidad

 

El intestino no parece ofrecer una señal única para hablar de cáncer. En un análisis de muestras tomadas antes del tratamiento, investigadores de Mayo Clinic identificaron patrones microbianos diferentes según la enfermedad, la edad de diagnóstico e incluso algunos resultados terapéuticos.

El estudio, publicado en Cell, examinó muestras de heces de 1,364 pacientes con distintos tipos, estadios y tratamientos de cáncer. También las comparó con muestras de 287 personas sin cáncer. Después de considerar otras afecciones de salud, el equipo encontró 341 especies bacterianas asociadas con cinco grupos de la enfermedad.

La utilidad inmediata del hallazgo no está en señalar una bacteria responsable, sino en reducir el universo de microorganismos que deberán investigarse para cada cáncer. Es una diferencia importante: una asociación puede orientar nuevas preguntas, pero no demuestra que el microbioma haya causado la enfermedad.

Los tumores neuroendocrinos presentaron una pérdida generalizada de bacterias intestinales comunes asociadas con la salud. En los cánceres de hígado y vías biliares intrahepáticas se observaron niveles más altos de varias bacterias, incluida Enterococcus faecalis. El cáncer de esófago mostró mayor presencia de seis especies, entre ellas microorganismos del género Streptococcus.

También aparecieron asociaciones diferenciadas en leucemia linfoide, mieloma múltiple y cánceres relacionados de células plasmáticas. Al considerar la edad, los pacientes de 50 años o menos con cáncer colorrectal presentaron niveles superiores de lactato y una mayor presencia de Veillonella parvula, bacteria que utiliza ese compuesto para crecer.

En el cáncer de mama de aparición temprana se registraron cambios en 64 especies bacterianas y menores niveles de ácidos biliares primarios. No surgieron diferencias comparables relacionadas con la edad entre los pacientes con cáncer cerebral incluidos en el análisis.

El microbioma también mostró asociaciones con la supervivencia en cáncer colorrectal, de hígado y vías biliares intrahepáticas, ovario, próstata y melanoma. En el grupo de cáncer hepático y de vías biliares, Bifidobacterium longum se relacionó con una supervivencia más prolongada, mientras Blautia A massiliensis se vinculó con una más corta.

Otra señal apareció entre pacientes tratados con 5-fluorouracilo (5-FU). Quienes después desarrollaron diarrea tenían, antes del tratamiento, niveles más bajos de genes bacterianos capaces de descomponer el fármaco. Buena parte de esa función correspondía a Anaerostipes hadrus. La asociación no apareció con carboplatino, lo que apunta a una característica específica del 5-FU.

El siguiente paso será determinar si alguna de estas señales desempeña un papel causal y validar en grupos más amplios si el microbioma puede ayudar a anticipar efectos secundarios. Por ahora, el resultado ofrece un mapa más preciso, no una explicación definitiva.

 

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