Escasez inducida: qué cambia en la actividad cerebral al decidir

El contraste con la abundancia previa acentuó la respuesta en el experimento
Sentir que los recursos apenas alcanzan no necesariamente cambia cuánto está dispuesta a pagar una persona, pero sí puede modificar la actividad cerebral que acompaña la decisión. Esa diferencia entre conducta observable y procesamiento neuronal fue uno de los principales resultados de un experimento con resonancia magnética funcional.
Investigadores de instituciones de Países Bajos y otros centros trabajaron con 47 participantes, cuya edad promedio era de 23.5 años. El estudio, publicado en 2019 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), comparó condiciones experimentales de escasez y abundancia antes de una tarea de consumo.
Para inducir ambos estados, los participantes debían conservar fichas mientras avanzaban por distintas etapas para obtener una bonificación económica. En la condición de escasez comenzaban con una sola ficha y permanecían cerca del mínimo necesario para continuar. En la de abundancia recibían diez y se mantenían por encima de ese umbral.
Después, mientras eran escaneados, ofrecían dinero por productos alimenticios. Las personas declararon menos confianza y más estrés bajo escasez. Sin embargo, esa condición no produjo por sí sola una diferencia significativa en la cantidad promedio ofrecida. Los cambios relevantes aparecieron al observar las distintas fases de la decisión.
Durante la evaluación de los productos, la escasez estuvo asociada con una mayor actividad en la corteza orbitofrontal, involucrada en procesos de valoración. Cuando llegaba el momento de decidir cuánto ofrecer, se registró una menor respuesta en la corteza prefrontal dorsolateral izquierda respecto de la condición de abundancia.
Esta región participa en procesos relacionados con memoria de trabajo, planificación, atención y conducta orientada a objetivos. La reducción observada no significa que una parte del cerebro se "apague": describe una diferencia de actividad dentro de las condiciones específicas del experimento.
Además, el orden de las experiencias importó. Quienes pasaron primero por la abundancia mostraron una disminución pronunciada de actividad prefrontal al enfrentar después la escasez. En cambio, quienes comenzaron con escasez no presentaron posteriormente una diferencia significativa equivalente entre ambas condiciones.
Los autores plantean que el contraste con una situación previa de abundancia puede volver especialmente relevante la escasez posterior. También advierten que la transición diseñada en el laboratorio fue deliberadamente marcada, mientras que en la vida cotidiana podría ocurrir de manera más gradual.
El resultado, por tanto, no demuestra que la pobreza desactive la capacidad de planificación. Señala algo más específico: una sensación experimental de recursos insuficientes puede modificar la actividad de redes relacionadas con valoración, atención y decisiones dirigidas a objetivos, y la experiencia inmediatamente anterior puede influir en esa respuesta.
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